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La eficiencia energética como factor clave para la competitividad

flecha-verde-ascendenteCuando se habla de competitividad, a todos se nos pasa por la mente, reducción de salarios, aumento de la jornada laboral, mejor aprovechamiento de las horas de trabajo, etc… Haciendo un análisis más profundo, introducimos también la mejora de los procesos productivos, optimización de procedimientos y reducción de los recursos.

En épocas de bonanza, la competitividad pasa a un segundo plano, porque sencillamente nos va tan bien que destinar esfuerzos en ser más competitivos es secundario, no hay que distraerse, hay que seguir facturando… Sin embargo, cuando llegan ciclos de crisis como el actual, no todas las empresas responden igual a ellos; así pues, nos encontramos con empresas que se adaptan mejor a los períodos de crisis, paliando y minimizando sus efectos, y preparándose mejor para los nuevos ciclos de crecimiento.

Las empresas y países serán más competitivos, en la medida en que aumenten su eficiencia energética, es decir, en la medida en que los consumos de energía por unidad de producto producido o de servicio prestado sean cada vez menores. Las consecuencias son inmediatas, mayor capacidad de negociación, mayor capacidad de inversión, mayores beneficios, etc.

Desde otro punto de vista, el aumento de la eficiencia energética supone un aumento de nuestra calidad de vida, ya que al tener un menor gasto en energía, manteniendo o aumentando los niveles de confort, conseguimos disponer de más recursos para otros menesteres; por tanto conseguimos minimizar los efectos de la crisis, un mayor poder adquisitivo, mejoras del medio ambiente, etc…

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